- una mujer que no teme decir que no.
- una mujer que lucha por sus ideales.
- una mujer libre que no teme a los triunfos de los hombres por que ella tienes los suyos.
- madre, esposa, hija, amiga, amante, empresaria y mucho mas.
- capaz de lograr todo lo que quiera.
Existe una parte poderosa y esencial en cada una de nosotras que no ha sido reconocida hasta ahora, ni su energía convenientemente explotada. Años de represión han ocultado esta faceta en los rincones y las grietas de nuestras almas. Como no la comprendemos, hacemos todo lo posible por mantenerla en la oscuridad, donde creemos que pertenece.
Se trata de la «cabrona interior». No te hagas la tonta: sabes perfectamente de lo que estoy hablando.
Todas la conocemos. Flota constantemente justo bajo la superficie de nuestra conciencia y nuestra educación. Es parte de nosotras, es inteligente, segura de sí misma y sabe lo que quiere. Nos dice que no nos conformemos con menos. Nos avisa cuando estamos a punto de embarcarnos en una conducta autodestructiva.
La cabrona interior no es esa parte de nosotras que a veces se muestra estúpida, o ruin o carente de sentido del humor. No cae en el fatalismo, ni abusa de sí misma ni de los demás.
La cabrona interior no se enzarza en discusiones de poca importancia, ni siquiera para pasar el rato. ¿Para qué molestarse?
La cabrona interior jamás es mordaz de forma gratuita. Y nunca teme decir: «Que se vayan a freír espárragos si no aguantan una broma».
A mi modo de ver, hay una verdad absoluta: al liberar a nuestra cabrona interior podemos utilizar su poder y energía para nuestros objetivos más elevados.
Si la ignoramos, nos arriesgamos a que enloquezca cuando la presión por ser encantadora se vuelve insoportable. Todas hemos sido testigos de ello y no es una perspectiva agradable.
Cuando no reconocemos a nuestra cabrona interior nos salen granos o engordamos, o adelgazamos demasiado, y nos volvemos controladoras, manipuladoras, lloronas o histéricas. No insistimos en practicar sexo seguro.
Nada de eso es productivo y algunas de estas cosas resultan francamente peligrosas. ¿Cómo podemos terminar con estas conductas autodestructivas, en especial después de toda una vida de encanto tóxico?
Lo único que se necesita es una pequeña frase:
La cabrona de la que hablo no es la “bruja sobre ruedas”, ni un personaje malvado. Ni tampoco la típica “cabrona de la oficina” odiada por todos en el trabajo.
La mujer que yo describo es buena pero fuerte. Tiene una fortaleza muy sutil. No deja a un lado su propia vida y no persigue jamás a un hombre. No permite que un hombre piense que tiene un “dominio” del 100% sobre ella. Y se da su lugar cuando él se pasa de la raya.
Sabe lo que quiere pero nunca compromete su integridad para obtenerlo. Es como una magnolia de acero. Utiliza su feminidad para su propio provecho.
No es que se aproveche de los hombres, porque juega limpio. Tiene algo que la chica
buena no tiene: claridad mental, pues se deja llevar por una fantasía romántica. Esta claridad mental le permite ejercer su poder cuando es necesario.
Además, tiene la capacidad de permanecer tranquila bajo presión. Mientras que una mujer que es “demasiado buena” da y da hasta quedar agotada; la mujer que tiene claridad mental sabe hasta dónde llegar.
Sherry Argov, POR QUE LOS HOMBRES AMAN A LAS CABRONAS

No hay comentarios:
Publicar un comentario